miércoles, 22 de junio de 2011

Cruzando puertas


Voy cruzando puertas tras de ti,
amor, porque quiero yo así,
porque sé que nos buscamos
voy pisando pasos que ya di.

¿Dónde estás? Te busco
sólo encuentro un lugar de piedra y silencio.
Voy cruzando puertas tras de ti,
voy cruzando puertas tras de ti.

La oscuridad invita a la experiencia
amiga y enemiga, es un animal,
que alimentarás hasta el fin.

Te busco, sólo encuentro un lugar
de piedra y silencio.
Tu cuerpo acecha tras la sombra,
tu cuerpo, laberinto eterno,
encubre peligro y misterio.

Voy cruzando puertas tras de ti--¿Dónde estás?
Te busco, sólo encuentro un lugar
de piedra y silencio.

Tu cuerpo acecha tras la sombra,
tu cuerp, laberinto eterno,
encubre peligro y misterio,
peligro y misterio.

¿Dónde estás? Te busco, sólo encuentro un lugar
de piedra y silencio.
Tu cuerpo acecha tras la sombra,
tu cuerpo laberinto eterno,
encubre peligro y misterio,
peligro y misterio.

¿Dónde estás? Te busco, sólo encuentro un lugar
de piedra y silencio.
Tu cuerpo acecha tras la sombra,
tu cuerpo, laberinto eterno,
encubre peligro y misterio.


Robi Draco Rosa
Foto:http://lyricsdog.eu/s/molduras%20puertas

lunes, 20 de junio de 2011

Perfecto cansado

Los dulces, besos, abrazos y caricias eran los alimentos que diariamente de tí recibía.

Tus piernas, las que abrazaba cuando me perseguía la timidez, servían de escudo perfecto para alejarme del miedo que me abatía.

Tus brazos, que corriendo buscaba para que me alzaran, eran para mí el refugio más seguro, el que no fallaría.

Los regaños sin palabras aumentaban el dolor, arrastraban muchas lágrimas porque tu indiferencia dolía tanto que mi amor no resistía.

La seguridad de saber que era lo primero en tu vida aumentaba el orgullo de una niña consentida.

Pero hoy, ese tiempo que pareció mi amigo congeló el castillo de tu suspiro.

Ya no eres mi héroe, ni tus abrazos son mi escondite preferido, te escapas del aire que respiro.

No sé si los recorridos en las mañanas existieron, no sé si tus palabras eran verdaderas o se convirtieron en la tristeza de mi alma.

Odio el instante en donde tu presencia se transformo en soledad, ahora no estás tú como lo estabas cuando te sentía.

Ya no perfecto pero si cansado, te sigo queriendo...

Estefanía...

domingo, 19 de junio de 2011

¡Brillante estrella! si fuera tan constante


Estrella brillante, quien fuera tan constante como tu
no en solitario esplendor colgada arriba en la noche
y observando, con eternos párpados abiertos
como el eremita paciente e insomne de la naturaleza.
las aguas ondeantes en su clerical tarea
de ablución pura de las playas humanas de la tierra redonda
o mirando sobre la nueva mascara caida
de nieve sobre las montañas y las llanuras
No-- y aun así constante, aun sin cambio,
almohadado sobre el pecho en maduración de mi amada
sentir por siempre su suave respiración
despierto para siempre en un dulce insosiego
aun, aun escuchando su tierno respirar
y asi vivir por siempre o desfallecer en la muerte

John Keats

jueves, 16 de junio de 2011

EL CUERPO, TANTO Y POCO


Más allá de 206 huesos existe la fragilidad,

Cuando nos damos cuenta que el cuerpo no miente

Aceptamos que somos poco pero, nos creemos tanto.

Más allá que funcionen nuestros sistemas

Sabemos que la vida está en nuestros sentidos,

El poder de tener un cuerpo es inexplicable

Somos dueños de un universo interior

Pero es éste el que nos maneja y nos da el punto final.

Más allá de creer que manejamos el mundo

El miedo se apodera al ver la brecha que nos separa

Se crea el rechazo de nuestro interior, un rechazo a lo fascinante y real.

Más allá de los ángulos, la textura y las curvas

Existe la más grande de las fragilidades

La separación de lo que nos hace, explica la importancia de una conexión que

No debe tener fin.

Más allá que vivamos en él, cada minuto de la vida

Nos concebimos distantes de lo que somos y sentimos

Más allá de nuestra coraza, allí, un interior

Que existe y hace existir.

Estefanía...

Visible en mundo de invisibles



Antes leíamos, sí leíamos, ahora la gente no lee. Teníamos cuentos, libros. A mí me gustaban mucho los cuentos, me gustan. Cuenta Beatriz Ruge una mujer invidente, alumna del Instituto para niños ciegos Juan Antonio Pardo.
Con alegría y frío recibo a Beatriz en la casa de Marina Aponte, su amiga y vecina. Alisto la grabadora, mi libreta y un lápiz. Me inquieta saber cómo es la vida cotidiana de una persona invidente. Para que los minutos de su llegada pasen rápido cierro los ojos, empiezo a caminar por el comedor tocando todo lo que hay en el lugar: las sillas, un viejo mesón, la nevera, la larga mesa. Un ejercicio corto y difícil, no lograba mantener los ojos cerrados por más de un minuto. Estaba concentrada hasta que llaman a la puerta. Es Betty junto a Marina, quien fue a recogerla a su casa.
Abro la puerta, saludo a Betty, como la llaman cariñosamente. Ella se acerca sonriente, me toma la mano y dice: “estás como un sapo, qué frío”. Y es que el clima de Bogotá estos días no ha sido el mejor. Le ayudo a subir las escaleras. Betty se tropieza con un balde atravesado en el patio, pero sigue su camino. Llegamos al segundo piso, entramos a la sala, la ayudo a ubicarse en el sofá más grande, al lado de la puerta que está cerrada porque Marina no quiere que se interrumpa la conversación. Durante la charla, Betty siempre tiene una sonrisa que combina perfectamente con su linda tez blanca y su cabello oscuro.
Ella conoce muy bien el instituto porque fue su casa por varios años, hizo parte del proyecto de educación especial e inclusión de la organización desde los cinco años de edad y ahora es profesora de música. Todas las tardes enseña a los niños el arte de combinar sonidos según la melodía, la armonía y el ritmo.
El Instituto para niños ciegos ha sido una institución educativa para niños invidentes. Su labor inició en 1926 cuando Juan Antonio Pardo, de 23 años, después de un accidente en el que perdió la visón decidió fundar una organización social que les diera a las personas con limitación visual la oportunidad de estudiar y adaptarse a una sociedad que no está preparada para trabajar con personas con discapacidad física.
Betty inicia hablando de forma pausada, recordando su paso como alumna en el instituto. Ingresé en 1970, cuando tenía 5 años. Mi familia me llevó a hacer un tratamiento en la Clínica Barraquer, en Bogotá. El doctor nos recomendó la institución porque no podían hacer nada debido a la seriedad del problema de visión que tenía. Ingresé para estudiar los primeros niveles educativos, lo que ahora se conoce como pre - escolar.
Estudié hasta quinto de primaria. El nivel era muy bueno, mejor que la educación de ahora. Cuando tenía seis años ya sabía leer y escribir, teniendo en cuenta que nosotros los ciegos a veces presentamos algún retraso de aprendizaje en los primeros años de estudio, pero la educación era tan buena que sobresalía.
Bueno, aunque también tuve malas experiencias; alguna vez un profesor me dijo que era muy mala para tocar piano, que no podría aprender, creo que por eso no lo aprendí a tocar. Solo soy experta en flauta dulce; el instituto se preocupa mucho por la parte musical desde que fui alumna hasta ahora.
Era interna, Dormíamos con las niñas, había niñas de todas las partes de Colombia. Yo soy de Caldas, entonces salía en julio y noviembre a vacaciones, mi familia siempre me llevaba a Manizales. Recuerdo mucho esos paseos.
En este momento siento la necesidad o mejor la curiosidad de saber acerca de su vida como madre soltera, indago sobre su experiencia y la conversación tiene un cambio repentino. Betty deja el pocillo encima de la mesa de centro, se cubre su rostro y suspira profundamente para dar inicio a la historia más importante de su vida, la de ser mamá de una niña, que precisamente acaba de cumplir quince años, Luisa Fernanda.
Ha sido la mejor experiencia de mi vida, ella vino al mundo con fortaleza, cada día me demuestra que soy capaz de muchas cosas. Claro que he tenido dificultades, pero tener una hija es lo más maravilloso. Luisa Fernanda nació hace 15 años, hace ocho días los cumplió, es el tesoro más lindo que Dios me ha dado. Betty es de pocas palabras pero, en cada frase que pronuncia demuestra la emoción que siente al hablar de la razón de su vida, lo que más ama.
Betty comenta que estuvo esperando mucho tiempo los cumpleaños de Luisa, ahorró por un año para el viaje que tendrá el próximo fin de semana a San Andrés, está emocionada porque su hija conocerá el mar y tendrá la celebración que esperaba.
“Es que viaje sin fotos, no es viaje” me dice recordando que debe comprar una cámara para retratar sus vacaciones, algo que me sorprende pues hace una descripción detallada de los paisajes que tiene en su mente, como si los hubiera visto.
Tener un hijo y aun más si es niña necesita de mucho cuidado, con la ayuda de Dios y las amistades salí adelante. Las primeras tareas de Luisa fueron muy difíciles, me desesperaba, cuando ella tenía que recortar, hacer las vocales, me tocaba conseguir a alguien para que me ayudara. Llamar a mis amigas, pedirles, decirles que yo no podía explicarle, a pesar de que soy docente no podía debido a mi limitación.
Es una niña muy juiciosa e inteligente, le he enseñado los valores necesarios para que sea una persona tolerante, respetuosa y entienda que todos somos iguales.
Estefania...

miércoles, 15 de junio de 2011

Volverán las oscuras golondrinas

Volverán las oscuras golondrinas

en tu balcón sus nidos a colgar,

y, otra vez, con el ala a sus cristales

jugando llamarán;


pero aquéllas que el vuelo refrenaban

tu hermosura y mi dicha al contemplar,

aquéllas que aprendieron nuestros nombres...

ésas... ¡no volverán!


Volverán las tupidas madreselvas

de tu jardín las tapias a escalar,

y otra vez a la tarde, aun más hermosas,

sus flores se abrirán;


pero aquéllas, cuajadas de rocío,

cuyas gotas mirábamos temblar

y caer, como lágrimas del día...

ésas... ¡no volverán!


Volverán del amor en tus oídos

las palabras ardientes a sonar;

tu corazón, de su profundo sueño

tal vez despertará;


pero mudo y absorto y de rodillas,

como se adora a Dios ante su altar,

como yo te he querido..., desengáñate:


¡así no te querrán!



Gustavo Adolfo Bécquer