Tres pasos borran cada largo camino, dos silabas cambian el orden de su destino; como una rueda que el conductor maneja, así gira tras cada pista que recoge o inventa.
Entre la tristeza se esconde la más grande de sus alegrías, que lo sumergen en el fondo de la pasión, envuelta en los colores que divierten, desdibujando la más transparente amiga de su oscura vida.
Como el aire que en su niñez respiraba, puro, eucalipto que recogía, así se llenan sus suspiros al sentirla tan suya, temblando y danzando en sus brazos como si estuviera segura que esto no termina. Pero, igual que en su niñez cuando esa mujer partió, ahora también siente la soledad del tiempo que lo convenció que existía.
Hoy, qué más da, ya no sabe si la ama; ella siempre lo hace en cada nota que toca, en cada palabra que caya, en cada frase que escribe. Por eso se pregunta la causa de su frialdad cuando su fuego es el más melodioso y profundo que sus ojos han capturado por miles de segundos.
Serena, libre, con su defecto inteligente, la odió toda, sin sospechar que estará junto a él, no resignado pero sufriendo, llorando porque el sueño se fue tan rápido dejando ver la realidad que no atrae los sueños que pudo tocar.
Dulce, morada como una flor de aquel camino que siempre unirá sus vidas, así sigue atormentando la destrozada fantasía, atreviéndose a tejer la realidad que será de ella.
Estupideces, todas atrapadas en el laberinto de esa memoria que lo atormenta, sin comprender que vive para aquella que pregunta pero olvida. bbbbb
Estefanía....